Tomado del Flickr de Aldana14

La Zabaleta

 

PRIMERA TEMPORADA DE KYNKY, ESPECTÁCULO DE CABARET DE SUSANA ZABALETA

 

Para Héctor y Alberto, obviamente.

 

Una vez más, Susana Zabaleta se para en el escenario y, desde allí, confronta a un público ávido de verla, escucharla y admirarla. Un público que la conoce y sabe a lo que se atiene si se sienta en las primeras filas. Los conozca o no, la Zabaleta no hace concesiones y les lanza su verdad, la de ella y la de ellos.

Una vez más, es el sexo el hilo conductor del espectáculo que presenta. Kynky, como ella indica, irónica ante las preguntas de los reporteros de la televisora en la que presta sus servicios, no es ningún nuevo género musical, es simple y llanamente lo retorcido, pero en buen inglés.

En una sociedad como la nuestra en donde no puede haber cosa más retorcida que el sexo y todo cuanto de este se derive, Zabaleta pone el dedo en una llaga que sigue lacerando lo mismo a quienes practican abiertamente la doble moral que a quienes se atreven a ejercer su sexualidad, como si les perteneciera. Unos castigan a los otros. Y viceversa, claro está.

Decir que Susana Zabaleta es una transgresora, que es irreverente, audaz y alternativa –como lo han señalado todos los medios que han dado cuenta del espectáculo– es un lugar común que, desgraciadamente, en un sistema político, social y cultural como en el que vivimos, se convierte, de nuevo y como siempre, en una razón de existir y de estar. Para la artista y, sí, para su público.

Afortunadamente, la cantante y actriz aprovecha ese lugar común no para quedarse en la comodidad que puede ofrecer el formar parte del elenco del Canal de las Estrellas y sí para regresar al lugar de sus orígenes, El Hábito, hoy El Vicio, para plantarse en un escenario que la recibe en su calidad ya no de principiante, sino de primera figura del cabaret nacional.

Así, Zabaleta cautiva a sus fieles. Más aún, los doma. Los toma del alma y los lleva a un paseo por sus deseos y pasiones. Luminosas y oscuras. Éstas últimas, pertenecen al orden de lo kinky. Para los normales, claro. Para quienes no lo son, lo luminoso y lo kinky pueden ir de la mano. ¿Es necesario decir de qué lado está Susana?

Para demostrar su parte kinky, la Zabaleta actriz lanza frases, imágenes y anécdotas. Cita lo mismo a Woody Allen que a Elizabeth Taylor. Homenajea a Carlos Monsiváis y barre con sus compañeritas “televisas”. La Zabaleta cantante, retoma un repertorio que diera a conocer Eugenia León en los años noventa.

Con nuevos arreglos, Susana se une a Eugenia en el rescate de esas canciones que le pertenecen, más que a sus autores, más que a ellas dos, “a las cantoras y caponeras, a los que arrullan las borracheras, a los camiones y las esquinas de todos los barrios, a los que cantan al amor y la esperanza y sólo llegan a su casa con una bolsa de aplausos”, como bien escribe León en su disco Tirana.

Quince años después, la Zabaleta es esa Tirana que acepta que le pasa Lo mismo que a usted y que mordaz sugiere: Agua que no has de beber, déjala correr, déjala, déjala. Después reconoce que Tú me acostumbraste a todas esas cosas para luego llegar al límite de su pasión al reconocer su mortal Envidia.           

Hace una pausa para invitar a su escenario a la intensísima Ely Guerra. Juntas, provocan una explosión sensual -en el más amplio sentido de este término- al desgarrarse rogando bésame, con un beso enamorado, como nadie me ha besado desde el día en que nací. En concreto, bésame mucho, que tengo miedo a quererte y perderte después. Algo muy cercano al éxtasis ocurrió entonces.

Sola de nuevo, que para eso sola se pinta, Susana implora Amor, no fumes en la cama para luego hacerle entender a su amiga Merle Ivonne que ella –o ambas- viene de Un mundo raro. Por eso decide ser no solamente el estandarte vivo de lo kinky, sino también de la maldad: mala como las arañas, mala con todas las mañas.

El público concuerda con ella: es mala, mala, mala, mala… ¡pero qué bonita, chingaos! Y por eso no la deja ir. Por eso hace que el excelente guitarrista Marco Antonio Morell rasguee una de las versiones más hermosas que se puedan escuchar de La canción de las simples cosas, del folclor argentino.

Al despedirse definitivamente de su público, cuyos miembros le han confiado por medio de unas papeletas sus frases, pensamientos o actos más kinky, Susana canta La Habanera, quizá para recordar que, al final de cuentas, todo se trata del amor, aunque a veces sea ese pájaro rebelde que se le escapó a Carmen, a Violetta, a Aída… y a tantos mortales más.

Pero para que no se escape, para que se quede en todos y cada uno de los que están frente a ella, para eso sube al escenario, para demostrar que lo retorcido y el amor no tienen porqué ser dos prácticas ajenas, como lo condenarían los normales. Pero, a fin de cuentas… ¿qué saben los normales del amor? Zabaleta dixit.

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