Tomada del blog de Teatro El Milagro

Laura Almela y Daniel Giménez Cacho

FINAL DE TEMPORADA DE TRABAJANDO UN DÍA PARTICULAR, ESPECTÁCULO DE LAURA ALMELA Y DANIEL GIMÉNEZ CACHO.

A Ana Paola Cortés.

Hitler está de visita en la Italia de Mussolini. El régimen fascista impera en cada una de las partículas que componen a la sociedad romana de finales de la década de los treinta. Por eso, en este día particular todos salen de sus casas al encuentro festivo con el Führer. O casi todos.

Antonieta y Gabriele, vecinos de un edificio, permanecen en sus departamentos y, poco a poco, sabremos de la asfixia, la angustia, la desilusión y, a pesar de esto, la esperanza, que pueblan no solamente el encierro de ese día muy particular, sino el encierro en el que se hallan sus vidas, tan plenas de soledad y gritos ahogados.

Ella es la mujer ordinaria, de origen campesino, casada con un fanático fascista con quien procreó los seis hijos que complementan una familia a la que atiende con sumisión y, pronto sabremos, con desencanto y hartazgo. Él es el hombre culto, de ideología disidente al sistema, un locutor de radio recién despedido de su puesto por “subversivo”, a saber, homosexual.

La huida imprudente de un canario llevará a estos dos seres a un encuentro cuyo contexto político, social, cultural, ideológico y, ante todo, personalísimo, parece indicarles que es más bien un desencuentro. Para que ambos sepan y acepten lo que para ellos significa haberse conocido, bastará este día particular.

Una giornata particolare es uno de los filmes más celebrados del prestigiado realizador Ettore Scola, precisamente gracias a su muy sensible visión del tema del fascismo en los años treinta. La presencia protagónica de Marcello Mastroianni y Sophia Loren ha contribuido a la bien ganada fama de esta película.

A partir de Un día particular, dos de los histriones más sólidos de nuestro teatro construyen un espectáculo poderoso y cautivador, Trabajando un día particular. Y es que eso es lo que en todo momento se aprecia sobre la escena, un trabajo de adaptación del lenguaje cinematográfico hacia un lenguaje auténticamente teatral. Un trabajo que da cuenta del encuentro de dos creadores.

Porque Trabajando un día particular le pertenece absolutamente a Laura Almela y a Daniel Giménez Cacho. Es este montaje, entre otras muchas cosas, la muestra de cuánta profesionalidad y virtuosismo cabe en ambos, pues fue concebido un mes antes de su estreno, ya que el proyecto inicial que presentarían dentro del FMX no llegó a puerto alguno.

Lo que vemos en escena es imposible considerarlo como algo hecho para salir del paso, por cumplir con el compromiso. En lo absoluto. Lo que hay en el espacio casi vacío del Teatro El Milagro es una de las expresiones más genuinas de lo que es el Teatro y los procesos que lo componen.

En escena, Almela y Giménez Cacho son Antonieta y Gabriele. Para contar su historia se valen principalmente de un gis, con el cual van dibujando en las paredes, conforme el texto lo requiere, elementos como ventana, teléfono, mirilla, espejo, lámpara, saleros y, por supuesto, un reloj.

Las voces y sonidos provenientes de ese mundo exterior que confina a estos personajes a la soledad y al encierro son reunidos por Rodrigo Espinoza y reproducidos por el propio Gabriel –Giménez Cacho, quien lleva consigo un control remoto con el cual maneja la consola de audio. También se encarga de encender las luces neutras diseñadas por Gabriel Pascal.

En el edificio que habitan, Antonieta y Gabriele se encuentran en su avasallante desencanto. Se confrontan y se descubren como dos individuos marginados por el sistema y profundamente humillados en su condición de seres humanos, capaces de amar y reconocerse en el otro.

En el espacio que comparten, Almela y Giménez Cacho se encuentran en su plenitud de creadores escénicos. Han adaptado el guión cinematográfico y se han dirigido a sí mismos. Por ello deambulan por el escenario con la seguridad que les da ser los dueños únicos y absolutos de la propuesta escénica, de lo que quieren –y saben– decir y hacer.

Se confrontan en plena escena si es que a él se le olvidó accionar el control remoto para hacer entrar algún sonido o si ella aún no sale de una emoción anterior cuando es preciso demostrar ya otro estadio del personaje. Acciones que, planeadas o no, resultan espontáneas y redondean una complejísima propuesta.

Y es que, al tiempo que pretenden involucrar al espectador en la devastadora historia del encuentro de estos dos personajes, recurren a acciones que regresan al público a la conciencia de que está en un foro teatral, con dos actores que les están contando esa historia.

No es gratuito verla platicando con algún conocido en el vestíbulo del teatro, ni a él aceptando tomarse fotografías con sus admiradores.

Principio y final, con ambos actores cambiándose de ropa a la vista de todos nosotros, es un lúcido ejemplo. Lo que hay en medio, adquiere mayores dimensiones en la capacidad de reflexión del espectador. Porque la Italia fascista de Mussolinni no está muy lejos de las dictaduras latinoamericanas de los años setenta.

Más aún, la Italia que convoca a festejos masivos para celebrar el totalitarismo, en los cuales es notoria la exclusión de las minorías incómodas, no está muy lejos del México de nuestros días, tan próximo a celebrar de forma masiva un aniversario de dos luchas tan necesarias como malentendidas por sus herederos.

El encuentro de estos seres marginados por la sociedad de la guerra mundial del siglo XX, no es tan lejano al encuentro que puedan sostener dos seres humanos inmersos en la sociedad de la actual guerra nacional. La preferencia sexual, política o religiosa está de sobra para quien, como Almela-Antonietta y Giménez Cacho-Gabriele buscan hacer de su día –aunque sea uno en toda su vida– un día particular.

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