ENTREVISTA CON ARTURO RIPSTEIN, CINEASTA, A PROPÓSITO DE LA RECIENTE EXHIBICIÓN DE SU FILME CARNAVAL DE SODOMA

A pesar de que afirma que El Carnaval de Sodoma no es “una película testamento”, pues espera “seguir adelante hasta que el cuerpo aguante”, el cineasta Arturo Ripstein declara tajante: “no soy entusiasta de mi propio trabajo”.
De hecho, confiesa que después de concluir una película, solo la ve completa una sola ocasión, para después olvidarse de ella, pues todo lo que pase con ese filme ya no es responsabilidad suya, sino que “le toca a otros decidirlo, le toca a la posteridad, si es que aún existe”.
Arturo Ripstein es, según palabras de su fiel colaborador histriónico Carlos Chávez, “el cineasta mas viejo de México”. A sus cuarenta y dos años de experiencia profesional, sigue en activo presentando, como cada dos años, un proyecto cinematográfico. El de este año lleva por título Carnaval de Sodoma.
Basado en la novela más reciente del escritor dominicano Pedro Antonio Valdés, Carnaval de Sodoma parecería la apoteósis de las obsesiones de Ripstein: un grupo de variados personajes que se congregan en un burdel de mala muerte censurado por el clero que, aun así, no pierde oportunidad de visitarlo.
“Es una novela hermosa, con una serie de elementos que me interesaban, me gustaban y eran cercanos a mi visión de las cosas”.
Una vez más, Ripstein hace de la sordidez séptimo arte y lo pone a consideración de un público que aún tiene ganas de presenciar los relatos de este director mexicano.
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TRAUMA PERENNE
Para el hijo del prestigiado productor cinematográfico Alfredo Ripstein, no es necesario que los proyectos sean inspirados por a las grandes novelas, “también las regulares y malas. Como no soy muy respetuoso de la obra, pues yo a lo que soy leal es a la película, cuando estoy adaptando una cosa, ésta ya es mía, sin detrimento de la obra, que pedura a pesar o gracias a la película.”
La única condición para que un texto literario sea filmado por él es “que nos guste”. Al hablar en plural, se refiere al trabajo de Paz Alicia García Diego, quien además de ser la adaptadora y guionista de sus filmes desde que colaboraron en El Imperio de la Fortuna, es su compañera de vida.
Sobre los guiones de García Diego, Ripstein espeta: “Son los mejores que he leído. He tenido la enorme fortuna de trabajar con estupendos escritores. Cuando me encontré con los guiones de Paz, encontré la voz que andaba buscando.” Voz que se ha escuchado en filmes como Principio y fin, La reina de la noche, Profundo Carmesí y El Coronel no tiene quien le escriba.
Y aunque la mancuerna inició en 1986, Arturo Ripstein ya llevaba un camino recorrido en el medio cinematográfico, con reconocidos trabajos como El castillo de la pureza, El lugar sin límites, Cadena Perpetua y Tiempo de morir, filme con el que arrancó su trayectoria como director, tras haber sido asistente de un director español llamado Luis Buñuel.
Su experiencia de cuatro décadas como director la resume así: “En cuarenta y dos años hay de todo. He sido un cineasta muy afortunado que ya por el hecho de haber durado cuarenta y dos años, puede mostrarse fehacientemente. Hay películas malas y películas peores, pero las he hecho en esos años y eso es muy afortunado.”
El juicio a sus películas lo basa en la única proyección que de éstas presencia. “Uno tiene la desdicha de verlas, no nada más de hacerlas. Es muy entretenido, muy divertido, un regalo de los dioses del Olimpo del cine el poder hacerlas, pero esos dioses son muy exigentes, entonces uno tiene que verlas.”
Cuenta que sólo en una ocasión, cuando fue escrito un libro sobre su trayectoria, “el autor y yo nos sentamos a ver las películas y fue una experiencia muy amarga. Trato de no verlas más. A mi me divierte, me gusta y me satisface mucho más ver películas de otros que mías.” Afirma que ver su trabajo ya terminado, “es un momento francamente traumático”.
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ACTORES COMO FETICHE
Sin embargo, aquellos que ven sus filmes sin trauma alguno, disfrutan de esas historias plagadas de sordidez, fetichismo, humor negro y actuaciones de primer orden. Si por algo es reconocido Ripstein, es por llevar en sus selectos repartos a lo mejor del talento histriónico mexicano. Para muestra, la eterna presencia de Patricia Reyes Spíndola.
En Carnaval de Sodoma, al de ésta se suman los nombres de Fernando Luján, Ernesto Gómez Cruz, Alejandro Camacho, Marta Aura, Gina Morett, Erando González, Juan Carlos Remolina y Carlos Cobos. Para que un actor conforme uno de sus elencos, tiene que “tener una relación con lo que se está contando, parecerse al personaje y manejar bien el oficio.”
Actores como González y Remolina tuvieron por primera vez una participación en sus cintas, pues por lo regular Ripstein prefiere repetir a los que ya han trabajado con él, por la simple razón de que “creo que son muy buenos. Hay muchos con los que he trabajado muchas veces y esos son los que me gustan.”
Señala que sus actores le aportan “lo que les toca hacer a ellos. Su actuación, su talento, su trabajo, su actuación, sus ideas, su oficio.” Al cuestionarlo, por su fama de intolerante, si en realidad acepta las ideas de sus histriones, aclara: “Cuando la propuesta me parece razonable, va, pues es en beneficio de mi película. Pero no todas las ideas son razonables”.
Y aunque el director demuestra su contento con el histrionismo nacional, cada vez es más constante la inclusión a cuadro de actores extranjeros, sobre todo españoles, como Marisa Paredes, Ariadna Gil y, en ésta ocasión, María Barranco.
Lo anterior, explica Ripstein, se debe al asunto de las coproducciones. “En México te dan nada más una cantidad de dinero de la película, pero necesitas el resto y lo tienes que conseguir gracias a las coproducciones, en las cuáles te hacen utilizar técnicos y actores.”
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ADVENEDIZO DEL TEATRO
La seguridad y aire soberbio que Arturo Ripstein refleja al momento de hablar sobre sus proyectos cinematográficos, se aminora en el momento que es cuestionado sobre un probable regreso a la dirección teatral: “No me han invitado a hacer teatro, aunque me gusta mucho”.
Y es que el prestigiado director de cine acepta que “no pertenezco al mundo del teatro”, por lo cuál le parecería sumamente difícil levantar por sí sólo una puesta en escena, pues requeriría del apoyo de quienes están inmersos en el ambiente teatral. “Soy un advenedizo del teatro”, declara.
Afirma que son muchos los títulos, tanto de obras como de óperas, sobre los que le gustaría trabajar. “Hay un montón de obras que me hubiera gustado poner, pero no hay ninguna concreta. Me gustaría poner Ubu Rey o algo por el estilo. Viejas obras que leí en mi juventud y siempre me entusiasmaron mucho.”
Sin embargo, mientras no lo inviten, el director de obras como El beso de la mujer araña, seguirá inmerso en el carnaval del cine mexicano que, por lo pronto, para él y sus seguidores, es el de Sodoma.

may 10, 2009 @ 01:07:26
No conocía tu blog, gracias por visitar el mío.
Espero que la influenza haya dejado de perturbar organismos y deje a la gente salir al teatro, aunque con las medidas de público que he leído en los diarios, parece que los grupos que viven de “la taquilla” no vivirán más.
Saludos.
Seguimos y no leemos.